Hace aproximadamente 137 rotaciones de la Tierra, por allá a fines de Julio, en ese frío invierno que nos tocó el 2007, los chilenos tuvimos uno de esos malos días. De esos en que no te explicas cómo puede ser que las cosas estén tan mal, y por qué a tí, por qué a mí, por qué a todos nosotros. Ese día conocimos el acuerdo firmado por el Gobierno y Microsoft, y de paso, descubrimos que habían vendido nuestra libertad de elegir.
Pero el día siguiente fue todo lo contrario.
Fue uno de esos buenos días, en los que te das cuenta que no está todo perdido; que hay una luz al final del camino y que ahí se encuentra un enorme grupo de personas que tal como tú quiere hacer algo al respecto. Que no se quedará de brazos cruzados. La rabia y la impotencia del día anterior pasó a ser un sorprendente ímpetu por cambiar las cosas, y de ahí originó un inacabable espíritu por colaborar que fue tomando su cauce e incluso terminó con nombre propio.
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